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Ayuda al necesitado
Publicó: Noe Azua, 16/2/2011

Aprendamos a dar en un nivel económico que no solamente satisfaga las necesidades físicas de los demás, sino que, por sobre todo, satisfaga la generosidad y la integridad de nuestro corazón.
Antes de ayudar a un individuo o familia necesitada, uno se debería preguntar: ¿Por qué ha llegado a esta situación? ¿Hay algún principio eterno que se ha estado violando? ¿Qué valores tiene ese individuo o familia? ¿Qué me dice esta situación económica en particular sobre sus valores personales?

Estas preguntas son importantes, porque como decía el co-fundador de Conceptos Financieros Crown«La forma en que manejamos nuestro dinero es una expresión externa de una condición espiritual interna». También podemos preguntarnos: Esta familia o persona ¿está dispuesta a corregir errores o sólo quiere el dinero? ¿Está viviendo con un plan económico? Si no lo está, ¿estaría dispuesta a establecer y vivir dentro de un presupuesto?
Si nuestro amigo no nos puede pagar por alguna razón valedera, le decimos: «No te preocupes, tómalo como un regalo de nuestra familia para la tuya...»En las contestaciones a estas preguntas se encuentra la base de nuestra decisión de ayudar a alguien, sea un desconocido, un amigo o un familiar. Por otro lado, recomiendo que nunca preste a nadie ni le ayude con dinero a menos que se lo pueda regalar. Esto no quiere decir que se lo tenga que regalar, simplemente quiere decir que si no se lo puede regalar, no se lo debería prestar.

Una universidad en un país de Sudamérica se encuentra actualmente en un aprieto económico justamente por esa razón. Un líder comunitario quería organizar un evento musical hace algún tiempo y fue a pedirle a la universidad que le prestara el dinero. El presidente universitario, amigo del que vino a pedir prestado, se opuso al préstamo porque a pesar de tener una gran cantidad de dinero en el banco, ese dinero era para pagar bonos a los trabajadores y profesores universitarios.

Sin embargo, el líder comunitario tenía suficientes amigos en la Junta Directiva de la universidad como para ir por encima de la decisión del presidente. Para hacer la historia corta, diremos que los miles y miles de dólares le fueron prestados y que el evento musical que debía atraer a decenas de miles de personas solo tuvo una concurrencia de unos pocos cientos. Ahora, frente al fracaso total, ese líder está enviando a algunos de sus amigos a hablar con el presidente de esa universidad para que le perdone la deuda contraída.

¡Cuántas historias de terror como esa escucho a lo largo de nuestro continente! El asunto funciona más o menos así: el amigo o familiar de alguien le pide dinero prestado; la víctima presta dinero que, en realidad, lo necesita para otra cosa. Pero como se le promete que se le va a devolver para una determinada fecha, lo presta de todas maneras. Finalmente, el pago no llega y ahora la miseria tiene compañía…

Alguien una vez me dio este consejo que nos ha dado muy buen resultado: Cuando un amigo o familiar nos pide dinero prestado, mi esposo y yo (¡tiene que ser una decisión de los dos!), vemos qué pasaría si le tuviéramos que regalar ese dinero. Si no nos afecta el presupuesto, ni los compromisos futuros, entonces se lo prestamos. Si nuestro amigo o familiar no nos puede pagar por alguna razón valedera, mi esposo y yo le decimos: «No te preocupes, tómalo como un regalo de nuestra familia para la tuya». Hemos perdido dinero, pero hemos salvado una amistad.

Se cuenta que una vez un mendigo estaba pidiendo dinero al costado del camino cuando pasó a su lado el famoso Alejandro Magno. Alejandro lo miró, y con un gesto bondadoso, le dio unas cuantas monedas de oro.

Uno de los sirvientes del gran conquistador, sorprendido por la generosidad de Alejandro, le dijo: «Mi señor, algunas monedas de cobre podrían haber satisfecho adecuadamente la necesidad de este mendigo. ¿Por qué darle oro?» El conquistador miró a su paje y le contestó con sabiduría: «¡Algunas monedas de cobre podrían haber satisfecho la necesidad del mendigo; pero las monedas de oro satisfacen la generosidad de Alejandro!»

Aprendamos a dar en un nivel económico que no solamente satisfaga las necesidades físicas de los demás, sino que, por sobre todo, satisfaga la generosidad y la integridad de nuestro corazón.

Recuerda lo que dijo Jesús: Mejor es dar que recibir.                               

 

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